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Una mujer dominicana víctima de la prostitución murió en Buenos Aires

abril 15, 2022 11:46 am POR ACTUALIZATE

La víctima falleció a la salida de un hotel alojamiento. Las primeras estimaciones aseguran que la mujer dominicana habría sido envenenada.

Una mujer dominicana murió a la salida de un “telo”, aparentemente envenenada. 

Vanesa, una amiga de la joven de 25 años fallecida, contó que la piba que perdió la vida era una trabajadora sexual“Me dijo que se sentía mal. Le dije: ‘¿Qué te pasa?’. Me dice: ‘Yo estaba con un chico en un hotel'”, relató.

Y agregó: “Seguimos caminando y, al cruzar la calle, se empezó a sentir peor. Después, comienza a gritar: ¡Me siento mal, me falta el aire!’. Luego cayó al piso, dejó de gritar y se le puso el cuerpo duro”.

La joven contó que ella le hizo respiración boca a boca a su amiga, a quien identificó como Talía, y precisó que “una hora y media” después llegó el médico del SAME, quien intentó reanimarla sin éxito para finalmente constatar el deceso de la piba de 25 años.

“Ella hacía cinco años que había venido a Argentina con su madre y, en República Dominicana, tenía dos hijos. A los pocos meses de estar acá, murió su madre. Y tenía su padre en Chile”, finalizó.

Las mujeres dominicanas que viven en este país suelen enfrentarse a grandes dificultades para obtener el permiso de residencia, la mayoría son víctimas de trata humana y explotación sexual

Cerca de 6.000 dominicanos viven en Argentina. La gran mayoría son mujeres.

A pesar de la lejanía geográfica entre ambos países, Argentina es un destino apetecido para muchos emigrantes de República Dominicana, en particular para mujeres, que corren el riesgo de quedar expuestas a redes de trata y explotación sexual.

La inmigración dominicana es mucho menos numerosa que la de paraguayos, bolivianos, peruanos y uruguayos, que constituyen 80 por ciento de los extranjeros radicados en el país desde 2004, pero sobresale por problemas específicos de inserción laboral.

Clarisa Rondó, de la Asociación de Dominicanos Residentes en Argentina, contó  que las mujeres de su país llegan en busca de mejores horizontes laborales, pero debido a dificultades de acceso al mercado muchas caen en redes de prostitución.

“Argentina es un país que nos acoge, nos hace sentir que damos un paso adelante. Es grande, generoso, que ofrece posibilidades”, aseguró. Rondó llegó sola con 21 años en 1994, luego se casó, tuvo hijos, se divorció y estudió un profesorado en artes.

“Siempre han venido más mujeres que varones, porque al hombre le cuesta más insertarse”, explicó, para luego aclarar que a las mujeres también les resulta difícil, pero “se meten en la prostitución”, admitió con pena.

“Hay muchas que son analfabetas, no consiguen trabajo y no les queda otra, se meten en ese circuito”, dijo.

La presencia de mujeres oriundas de República Dominicana en Argentina se hace visible cuando la policía allana sitios en los que se ejerce la prostitución en Buenos Aires o en provincias como Córdoba, Misiones, La Pampa, Tierra del Fuego, Rio Negro o San Luis.

A mediados de los años 90 comenzaron a llegar a Argentina.

La paridad del valor del peso argentino con el dólar, fijado en esa década por ley, fomentó el ingreso de inmigrantes del resto de América Latina, que aprovechaban ese tipo de cambio para enviar importantes remesas de dinero a sus países de origen.

En algunos casos, las mujeres hipotecan sus casas para viajar tras la promesa de conseguir un empleo en el servicio doméstico, pero son captadas por redes de trata de personas y explotación sexual.

Al llegar a Argentina, el acceso al empleo se complica, comienzan a contraer deudas con quienes les financiaron parte del viaje y terminan cayendo en la prostitución o en la trata.

Sonia Sánchez, activista, escritora y abolicionista de la esclavitud sexual, habla  sobre la realidad muchas mujeres en argentina. Destaca que la prostitución no es un trabajo y que hay que ir contra las autoridades que quieren reglamentarla. También  cuenta anécdotas teñidas de violencia en su pasado en las calles, para que se comprendan y no se juzguen a las prostitutas. Pide la colaboración de todos, para acabar con la prostitución y por ende con la esclavitud con fines sexuales.

Es autora, junto a María Galíndez, del libro “Ninguna mujer nace para puta”.

“Para sobrevivir a ese campo de concentración que es la prostitución, donde los penes son picanas, y en donde la desaparición de la mujer es completa, la única forma que queda para seguir adelante  es anestesiarse. Eso hacen muchas hermanas, porque de esa manera no sienten”.

“Los hombres que buscan putas no son clientes, son prostituyentes. No compran un servicio porque la puta no vende nada, porque no es dueña de nada, ni siquiera de su cuerpo”, remara. Y dice que utiliza la expresión “puta” no para humillar, sino para incomodar.

El 90 por ciento de los hombres que pagan por prostitutas son casados, y que el 90 por ciento de mujeres que caen en la prostitución lo hacen, porque en un principio buscaban trabajo.

La activista cuenta que  “hay hombres que las orinan, que no usan preservativos, que las eligen cuando están embarazadas y que no las dejan ni menstruar porque le colocan inyecciones. Entonces les pregunto, ¿están a favor de que lo legalicen como trabajo, de que permitan con normas que las golpeen?”.

Para Sonia no existen “clientes”, sino “torturadores-prostituyentes”. Tampoco cree que el sexo comercial pueda considerarse un trabajo. Por el contrario, milita un feminismo abolicionista que entiende la prostitución como una expresión de la violencia contra las mujeres, absolutamente relacionada con la trata de personas con fines de explotación sexual. Milita para que otras no vivan lo que vivió.

 

 

 

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