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Educación carcelaria e índices de reincidencia delictual

abril 1, 2022 3:26 pm POR ACTUALIZATE

La educación carcelaria postula que un 84% de los presos que realizó sus estudios en la cárcel, no volvió a cometer nuevos ilícitos.

Argentina supo convertirse en una referencia en educación carcelaria en otras épocas. Hoy, educadores y estudiantes en instancias de encierro afirman que para los reclusos la única forma de salir de la delincuencia es acceder a programas formativos, pero el problema es que la situación actual que atraviesa el país en esta materia deriva en que los programas son cada vez más escasos y además no son la mayoría de los internos los que acceden a estudiar. Más de la mitad no cursa ningún tipo de educación.

Según un informe del Sistema Nacional de Estadísticas sobre Ejecución Penal, publicado por el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos de la Nación, el 54% de los presos de todo el país no participan de ningún programa educativo dentro de las cárceles.

En 1986, el Servicio Penitenciario Federal y la Universidad de Buenos Aires firmaron un convenio a través del cual se creó el Programa UBA XXII, que tiene como objetivo brindar educación universitaria en las cárceles. Su núcleo funciona en el Centro Universitario Devoto (CUD), un anexo de la UBA en la ex Unidad 2 de Villa Devoto. Pero también tiene presencia en las cárceles federales de Ezeiza y Marcos Paz.

En el marco del programa los presos pueden estudiar las carreras de Contador Público, Derecho, Letras, Psicología, Sociología. También hay talleres y actividades educativas complementarias.

“Otras universidades públicas brindan educación carcelaria pero con muchos más límites por parte de los servicios penitenciarios y en la mayoría la modalidad es semi presencial o directamente libre”, explica Leandro Halperín, ex director del Programa UBA XXII.

Un estudio realizado por la Facultad de Derecho de la UBA y la Procuración Penitenciaria de la Nación (PPN) reveló que de los 132 egresados que tenía el Programa en 2013, un 84 % “no volvió a ser encontrado culpable de cometer nuevos hechos ilícitos”. Es decir que, según destaca el informe, “8 de cada 10 graduados del Programa no han vuelto a ser condenados”. El estudio es parte de una serie de relevamientos que ambas instituciones están llevando a cabo para medir el impacto de la educación en contextos de encierro.

El acceso a la educación carcelaria de Santa Fe también es escaso en relación a la población penal que es mucha y creciente. En el mejor de los casos, en las cárceles existen 400 plazas para la escuela en una unidad de 1.800 internos. En la provincia de Santa Fe hay 7.546 presos en el servicio penitenciario; de esos 4.681 son condenados y 1.062 son reincidentes.

Después de 10 años, Mauricio Oliva salió de prisión tras cumplir su condena. Estuvo detenido en la Unidad 3 de la ciudad de Rosario e hizo mención de lo dificil que es estudiar en la cárcel.

Oliva conoce de lo que habla: está estudiando actualmente trabajo social pero transitó prácticamente todos sus estudios en contextos de encierro. Se enamoró de la filosofía dentro de la cárcel y fue una escapatoria y una forma de “sentirse alguien”. Él dice que sentía que al estudiar ya no era ” el interno”, sino que era un alumno que estudiaba y buscaba ser alguien.

Dentro de las cárceles, según lo manifestado por los docentes entrevistados, casi todos comienzan a estudiar por fines utilitarios: salir del pabellón, evitar los traslados, tener un mejor concepto ante las autoridades del Servicio Penitenciario y charlar con gente de afuera del penal.

El docente Luciano Palacios, director de la Escuela Primaria de la Cárcel de Piñero, hizo alusión a la forma en la que se distingue a los internos que estudian. Para ellos son alumnos y “eligen la escuela como una alternativa diferente, por ser un espacio donde se les brinda un lugar, una escucha, un acompañamiento y un trato diferente”.

Pablo Astún, también docente en Piñero, añadió: “Ellos vienen acá con un autoestima muy baja y diciendo que no pueden. Lo importante es que sepamos todos que acá no es cuestión de crear más cárceles, es cuestión de crear más escuelas, más oficios”.

El juez penal Mariano Aliau explicó la importancia de la reinserción social y la relación directa que tiene con la reincidencia. La educación para todas las personas es uno de los principios que establece la Constitución Nacional, pero también existe una normativa específica para los contextos de encierro. Es la llamada Ley de Estímulo Educativo, que fue sancionada en 2011.

Tal como explica el informe de la Facultad de Derecho y la Procuración Penitenciaria de la Nación, esta normativa establece un mecanismo de estímulo educativo, que “consiste fundamentalmente en la reducción de distintos periodos de tiempo, hasta un máximo acumulativo de veinte meses, siempre que el interno complete en forma total o parcial estudios en los diferentes posibles niveles educativos, así como trayectos de formación profesional o equivalentes, para avanzar a través de las distintas fases y períodos de la progresividad del sistema penitenciario”.

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