Interés General

El “fondo del trigo” afecta a la producción y no combate la inflación

marzo 24, 2022 4:06 pm POR ACTUALIZATE

Según LP Consulting, el fondo del trigo tiene ninguna chance de bajar la inflación, pero tiene todas para destruir la producción.

El siguiente es un informe de la consultora LP Consulting sobre el recientemente formado Fondo del Trigo:

El gobierno finalmente subió los derechos de exportación de la harina y el aceite de soja de 31% a 33% para con el producto de dicho aumento armar lo que dio en llamar el Fondo Estabilizador del Trigo Argentino. Con este fondo se procurará subsidiar el precio de los alimentos derivados del trigo. La medida se toma en el marco de que la inflación se está acelerando y los precios de los alimentos van por arriba de la inflación general. Además, como se prevé que la guerra de Ucrania mantendrá alto el precio internacional del trigo se quiere encapsular el precio del trigo doméstico del internacional.

Santa Fe no es ajena a esta tendencia. Según el Instituto Provincial de Estadísticas y Censos (IPEC), en febrero 2022, la inflación en Santa Fe fue de 51% anual, pero la de alimentos fue de 58% anual. Visto así, uno diría que parece que el Fondo del Trigo es necesario para contener un poco la subida del precio de los alimentos.

¿Es necesario este Fondo del Trigo? Para contestar esta pregunta sirve echarle una mirada a los precios que releva el IPEC para medir la inflación en Santa Fe.

Se nota un pequeño conjunto de productos básicos que hacen a alimentación de una familia de bajos ingresos. Estos productos son derivados del trigo y de la carne, ya que estos últimos también están sometidos a medidas anti – exportadoras. Lo primero que salta a la vista es que crecen igual o por debajo de la inflación de alimentos (58%) y los productos derivados del trigo crecen por debajo de la inflación general (51%).

La pregunta del lector seguramente es, entonces, qué alimentos son los que suben por encima del 58%. No se colocan en este cuadro para no abrumar, pero se trata de lácteos, fiambres, vino y cerveza, café molido y tomate, lechuga y bananas (frutas y verduras son estacionales con lo cual luego pueden bajar).

En suma, es claro que quitar un incentivo a la exportación de valor agregado (que es el derecho de exportación diferencial de la harina y el aceite de soja) e incorporar distorsiones en la cadena de valor del trigo son medidas incorrectas para “salvar” el precio del pan y de los fideos de la inflación.

Igual de incorrecto es prohibir la exportación de carne para “salvar” el precio de la carne de la mesa de los argentinos. Con restricción a la exportación, el precio de la carne igual sube por encima de la inflación y por encima de los productos del trigo que no estaban intervenidos hasta la creación de este Fondo. Igual de importante también es que hay un montón de alimentos que suben más que la carne.

Un ejercicio muy ilustrativo para mostrar la utilidad de distorsionar las cadenas de valor para hacerle la guerra a la inflación es estimando cuál sería la inflación si los alimentos derivados del trigo y la carne hubiesen aumentado en todo el año un 0%.

La ponderación que tiene el pan, los fideos y los cereales en el Índice de Precios de Santa Fe es de 4,6% y el de la carne es de 9,9%. Como se dijo, la inflación de Santa Fe en febrero fue de 51%. Suponiendo que el pan, los fideos y los cereales no hubieran aumentado de precio en todo el año, la inflación habría sido de 49%. Suponiendo que, además, el precio de la carne tampoco se hubiese movido en todo el año, la inflación habría sido del 43%.

Nótese que el supuesto que aquí se hace es de cumplimiento imposible porque en una economía que tiene 50% de inflación, es imposible que un conjunto de productos tenga 0% de aumento en sus precios en todo el año (porque en esas cadenas de valor también suben los salarios y los insumos en consonancia con la inflación). Pero aún en el remotísimo caso que no hubiera inflación de pan, fideos, cereales, la inflación sería 2 puntos porcentuales más baja y si la carne no tuviera inflación sería 6 puntos más baja.

Este ejercicio demuestra que no tienen sentido distorsionar las cadenas de valor para combatir la inflación. La inflación se combate con ordenamiento fiscal y monetario.

De todas formas, un lector podría pensar que una inflación menor siempre es mejor. Aquí cabría hacer otro ejercicio. Es preguntarse: ¿Distorsionando la cadena del trigo y la carne, se puede disminuir la pobreza?

Para responder la pregunta conviene observar cómo viene evolucionando la principal fuente de ingreso laboral de los pobres, que es, el salario informal. El INDEC estima su evolución aunque el último dato disponible corresponde a diciembre 2021. A fin de hacer una comparación apropiada, se recalculó cuánto fue la inflación y cuánto sería si el precio del pan, las pastas, los cereales y la carne no hubieran subido nada en todo el año, para diciembre 2021. Los resultados están en el gráfico de abajo.

Es decir, se aplica una tremenda distorsión en el sector productivo. Se prohíbe la exportación de carne, se quita el incentivo la exportación de valor agregado en el complejo de soja y se crea un fondo para distorsionar la cadena de valor del pan, las pastas, los cereales y la carne. Suponiendo el remotísimo escenario que eso implica erradicar la inflación del pan, los fideos, los cereales y la carne, la inflación crecería todavía por encima de los ingresos de los pobres. En otras palabras, la pobreza seguiría creciendo igual.

La política de distorsionar el sector productivo para llevar alimentos a la mesa de los argentinos y reducir la pobreza es totalmente equivocada. La razón es que pone el carro delante del caballo. La distorsión productiva para reducir el precio de los alimentos no implica que la población tiene más acceso a los alimentos. Esto se explica por el hecho de que la propia distorsión produce menor generación de ingresos para la población.

La forma de que la gente tenga más acceso a los alimentos y reducir la pobreza es no distorsionando las cadenas de valor para que maximicen la producción. Maximizando la producción, va a haber más ingresos para toda la población y menores precios por mayor oferta de alimentos.
Pero este es un principio de racionalidad económica que la Argentina perdió en 1930, y nunca lo pudo recuperar.

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