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La religión entra en guerra en Ucrania

marzo 23, 2022 5:00 pm POR ACTUALIZATE

La guerra de Ucrania también es un combate por el futuro de la religión entre las Iglesias ortodoxas rusas y ucranianas.

La enredada historia política de Ucrania con Rusia tiene su contraparte en la religión, con la mayoría de la población cristiana ortodoxa de Ucrania dividida entre un grupo de mentalidad independiente con sede en Kiev y otro leal a su patriarca en Moscú.

Los católicos se movilizan con el Ejército ucranio mientras las comunidades ortodoxas se rompen según su fidelidad a Kiev o a Moscú.

El presidente ruso, Vladimir Putin, justificó su invasión de Ucrania en parte como una defensa de la iglesia ortodoxa de orientación moscovita, los líderes de ambas facciones ortodoxas ucranianas denuncian ferozmente la invasión rusa, al igual que la importante minoría católica de Ucrania.

El expresidente de Ucrania, Petro Poroshenko, trazó un vínculo directo: “La independencia de nuestra religión es parte de nuestras políticas proeuropeas y proucranianas”, dijo en 2018.

Pero el actual presidente Vladimir Zelinskyy, que es judío, no ha puesto el mismo énfasis en el nacionalismo religioso. Dijo que había hablado tanto con líderes ortodoxos como con importantes representantes católicos, musulmanes y judíos. “Todos los líderes recen por las almas de los defensores que dieron su vida por Ucrania y por nuestra unidad y victoria. Y eso es muy importante”, dijo.

La guerra en Ucrania también se libra en las bellas cúpulas con forma de cebolla que adornan las coloridas iglesias rusas y ucranianas. En el enfrentamiento, tres contendientes: Cirilo I, patriarca de la iglesia ortodoxa rusa y muy cercano a Vladímir Putin, el metropolita Onufry, al frente de la iglesia ortodoxa ucraniana dependiente de Moscú y con un pie entre dos aguas, y el metropolita Epifanio I, líder de la iglesia ortodoxa de Ucrania, escindida en 2018 y archienemiga de los rusos. Dicho deprisa puede confundirse con un chiste, pero detrás hay siglos de historia, concilios, cismas, una lucha brutal por la comunidad de fieles ortodoxos, cuestiones identitarias y hasta un choque cultural.

Ucrania es, para los nacionalistas rusos, la madre patria de su religión y su cultura desde el siglo X. La Iglesia ortodoxa ucraniana -a la que pertenece la mayoría del pueblo ucraniano- ha dependido desde hace siglos del Patriarcado de Moscú, hasta que en 2014 decidió erigirse en iglesia nacional, y en 2019 recibió el espaldarazo del Patriarcado Ecuménico de Constantinopla para constituir una autocefalía en Kiev.

Este reconocimiento de autocefalía para su Iglesia ortodoxa fue leído y vivido por muchos en Ucrania como un paso más en el distanciamiento de Rusia.

La decisión del patriarca ecuménico de Constantinopla -‘primus inter pares’- de reconocer a Kiev como Patriarcado autocéfalo, ha envenenado aún más las las relaciones entre las distintas ramas de los ortodoxos. Dentro de Ucrania, la situación también es compleja. La mayor parte de los 41 millones de ucranianos son ortodoxos, pero están divididos en tres sectores: el que sigue vinculado al patriarca de Moscú, el de la nueva Iglesia nacional de Ucrania, y el constituido ya autocéfalo con anterioridad en la diáspora. El país cuenta además con una importante minoría católica, de rito no latino pero unida a Roma, que llega hasta el 10 por ciento de la población.

En términos de organización eclesial, la tradición ortodoxa se reafirma (frente al verticalismo de la tradición romana) como portadora de una impronta horizontal y consensual que no siempre pudo llevar a cabo. Este es un punto fuerte de la eclesiología ortodoxa (la horizontalidad) pero en la práctica se manifiesta de manera muy compleja a la hora de lograr consensos importantes (el reciente sínodo pan-ortodoxo realizado en Creta en 2016, el primero en siglos, tuvo notables ausencias, entre ellas la rusa).

Un caso interesante en esa eclesiología es el de la autonomía de una religión local frente a otra: ¿cuándo una Iglesia se independiza del resto de las Iglesias ortodoxas y empieza a existir en paridad? Esos mecanismos son complejos, pero se pueden sintetizar en la siguiente alternativa: o bien la independencia (la autocefalía) la otorga la Iglesia madre, o la otorga el Patriarcado Ecuménico en Constantinopla (Estambul hoy).

La parroquia tiene un valor sumamente importante, en estas iglesias, dado que funciona como portador y garante de la identidad cultural.

Controlar esas parroquias es garantizar el “control de almas”.

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