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Cambalache y la Biblia junto al calefón, herida por un sable sin remache

marzo 21, 2022 12:49 pm POR ACTUALIZATE

¿De dónde sacó Discépolo la metáfora “y herida por un sable sin remache, ves llorar la Biblia junto a un calefón”? ¡Es un cambalache!

Sabemos que nuestro genial Enrique Santos Discépolo al mencionar una Biblia refiere a un libro sagrado.  Pero no sabemos a qué hace referencia al mencionar un sable sin remache.

«Sable sin remache» se le llamaba a un gancho donde se colgaba el papel higiénico al lado del inodoro. El típico gancho de carnicero.

La historia de la expresión tiene relación con los servicios higiénicos, baños, la higiene personal y la forma de realizarla allá por los inicios del siglo XX.

En Buenos Aires, coexistieron bacinillas y letrinas hasta principios del siglo XX, época en que las familias más acomodadas comenzaron a instalar baños. Luego el uso de baños se generalizó y se empezó a construirlos en todas la viviendas, aún en las más modestas.

El sencillo gabinete higiénico constaba al menos del retrete y el lavabo, y algunos también tenían una ducha. Y consecuentemente, si había una ducha era necesario calentar el agua, así al lado de la ducha se instalaba un calefón.

Por otra parte, el papel higiénico era más bien un objeto suntuario en las casas de Buenos Aires de aquellos años. No estaba al alcance del poder adquisitivo de todas las familias, las cuales se veían en la obligación de usar, para ese infame fin, papeles de otros ámbitos comerciales.

De ahí que se usaba papel de diario, y algunos otros más suaves y sedosos como los envoltorios de las manzanas y peras que aquellos sensibles usuarios buscaban en verdulerías y fruterías.

Por supuesto, el papel de arroz con que se imprimían libros, entre ellos la Biblia, era también usado por su suavidad.

Y aquí entra la Sociedad Bíblica Argentina, que por los primeros años del siglo pasado se abocó a la misión de difundir la Biblia Protestante, como si fuera una nueva Vulgata, que intentaba llegar a la mayor cantidad de lectores, por lo cual regalaba los ejemplares. Aún hoy lo sigue haciendo.

Pues muchos de los habitantes de Buenos Aires deben de haber parecido devotos creyentes, ya que aceptaban de continuo esas biblias obsequiadas y que, siendo mayoría la grey católica, lo mismo pasaban y retiraban la Biblia protestante tantas veces como sabían que la Sociedad las tenía en obsequio en las calles, plazas o en su sede central.

Sin embargo, cuentan fuentes lunfardas, que quienes obtenían esas Biblias, les perforaban una tapa y las colgaban en un gancho de alambre, o las clavaban con el “sable sin remache” al lado del calefón, cerca del retrete, e iban arrancando las suaves hojas para usarlas como papel higiénico. En este hecho se habría inspirado Enrique Santos Discépolo para decir con elegancia propia de un grande, y reflejar con ello nuestra condición pagana de sacrificar lo sagrado en función de la necesidad.

Con seguridad muchos lectores que ya han pasado las seis décadas, tendrán algunos recuerdos de estas prácticas.

Y lamentablemente, hoy, siglo XXI, hay muchos hogares en nuestra argentina, que aún cuentan en los fondos de los patios, con esa letrina llamada “excusado o escusado”. Y también se observan los ganchos con los papeles que consigan.

 

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