Pandemia

Ética – Conflictos de Interés

enero 14, 2022 7:29 pm POR MED

Bill Gates hace grandes negocios con la vacuna Covid-19.

La organización filantrópica más visible del mundo, y una de las voces más influyentes en la respuesta a la pandemia a nivel global, está en posición de sacar un considerable provecho financiero de la pandemia por COVID-19.

Aunque los Estados miembros que donan fondos públicos gestionan la Organización Mundial de la Salud (OMS), en gran medida esta depende de los donantes privados. Uno de ellos es la Fundación Gates, que con un 10% de su presupuesto, es –con mucho– el mayor contribuyente privado de la OMS. Solo el Gobierno de los Estados Unidos paga más. Y si este país se hubiera retirado como amenazó la anterior Administración Trump, la organización se habría encontrado en una situación sin precedentes: hubiera tenido a la Fundación Gates como el principal donante.

“Es una preocupación que se ha documentado”, dice Linsey McGoey, profesora de Sociología de la Universidad de Essex (Reino Unido) que ha escrito un libro sobre los Gates y la salud pública mundial (No Such Thing as a Free Gift: The Gates Foundation and the Price of Philanthropy [Los regalos gratis no existen: la Fundación Gates y el precio de la filantropía]). McGoey explica que Gates tiene un interés ideológico en ver resultados medibles en un plazo rápido, para así demostrar que la “filantropía multimillonaria” funciona. “Creo que es porque tiene un interés personal en ver resultados rápidos, ya que esto ayuda a reforzar su propia reputación”, apunta McGoey.

Existe una propuesta ante la Organización Mundial del Comercio (OMC), que han presentado Sudáfrica e India, para que se suspenda la aplicación de las patentes de las vacunas COVID-19, lo cual podría ayudar a impulsar la producción mundial de vacunas y su suministro a los países más pobres. La OMS tiene ante sí una propuesta, en la misma línea, más blanda. Pero las empresas, junto con algunos países como Suiza y Estados Unidos, se resisten. “Ciertamente, Tedros, el director de la OMS, se ha manifestado a favor de la exención de patentes”, manifiesta McGoey. “Pero en esto no ha conseguido convencer al Sr. Gates. Entonces, ¿a quién escucha el Sr. Gates? Ni al jefe de la OMS ni al de la OMC, y su propia autoridad no es algo en lo que, como comunidad mundial, queramos confiar, dado su propio interés en defender un sistema de patentes sobre el que se ha construido su fortuna”.

McGoey considera que la estrategia de Gates no está motivada tanto por el dinero como por su creencia de que el mercado es el que mejor sabe que debe haber estrechas relaciones entre las farmacéuticas, las empresas con ánimo de lucro y los distintos proveedores de servicios sanitarios. “Ideológicamente está totalmente comprometido con la creencia de que la comunidad empresarial es un actor superior cuando se trata de conseguir cosas –dice–. A menudo, la comunidad empresarial alcanza logros, pero estos tienen efectos adversos cuando se trata de la accesibilidad de los medicamentos, cuando se trata de la fijación de precios o cuando se trata del incentivo para, a veces, minar la salud de las personas si eso conduce a una rentabilidad económica. Así que, como he argumentado muchas veces, el Sr. Gates no se da cuenta de que existe un conflicto entre el lucro privado y la salud pública, y se empeña en actuar como si ese conflicto no existiera”.

Cuenta que esto ya estaba claro con los fármacos antirretrovirales para el VIH, pero que la COVID-19 lo ha “iluminado”. “Ese conflicto puede verse en la forma en que las farmacéuticas que tienen derechos exclusivos para fabricar las vacunas se niegan a permitir la suspensión de las patentes. Si no hubiera conflicto entre el lucro privado y la salud mundial, simplemente relajarían las suspensiones o las permitirían. Y no lo están haciendo”. (Texto de Julia Crawford; periodista de radio y prensa británica muy viajada, especializada en asuntos africanos y justicia de transición).

The Nation analizó la declaración de impuestos de la fundación de Bill Gates, su sitio web y los documentos que ha presentado ante la Comisión de Bolsa y Valores de EE UU (SEC, por sus siglas en inglés). Este análisis mostró que la Fundación había notificado inversiones por US$40 millones en CureVac; una de las docenas de inversiones que la fundación dice tener en las empresas involucradas en la investigación de vacunas, tratamientos, pruebas diagnósticas o en la fabricación de productos contra el COVID. Además, anunció que dedicaría una parte de su fondo de inversiones estratégicas, valorado en US$2.500 millones, a potenciar su trabajo en COVID.

Estas inversiones, que suman más de US$250 millones, revelan que la organización filantrópica más visible del mundo, y una de las voces más influyentes en la respuesta a la pandemia a nivel global, está en posición de sacar un considerable provecho financiero de la pandemia por COVID-19.

La declaración sobre los intereses financieros de la fundación en la pandemia por COVID-19, los cuales Bill Gates no parece haber comunicado de manera pública en las docenas de apariciones recientes en los medios de comunicación, alimentan las críticas sobre la falta de transparencia sobre el papel central, cada vez más prominente, de la fundación en la pandemia.

Críticos señalan que una función clave que ha desempeñado Gates en la pandemia ha sido ensalzar a la industria farmacéutica, por ejemplo, al impulsar a la Universidad de Oxford a poner en manos de las grandes empresas farmacéuticas sus principales plataformas para la vacuna contra COVID-19. La alianza resultante con AstraZeneca tuvo otro efecto, como informaron Bloomberg y Kaiser Health News, cambió el modelo original de distribución que tenía la universidad, reemplazó el modelo abierto de su plataforma, diseñado para facilitar el acceso de cualquier fabricante a la vacuna, por una licencia exclusiva controlada por AstraZeneca.

Oxford y AstraZeneca prometieron públicamente que renunciarán a las ganancias y que habría acceso equitativo a su vacuna, en caso de que fuera eficaz, pero ninguna organización ofrece detalles o documentos sobre este plan. Otras empresas hicieron promesas humanitarias similares pese a que siguieron un modelo de negocios tradicional, basado en licencias exclusivas, cuyo objetivo, según los críticos, no es promover el acceso equitativo, sino generar ganancias. El mismo Bill Gates afirmó que su fundación mantiene una relación estrecha con AstraZeneca y con la Universidad de Oxford.

Sheldon Krimsky, profesora de Humanidades y Ciencias Sociales en la Universidad de Tufts, sostiene que las divulgaciones son fundamentales porque alertan a los lectores sobre un posible sesgo. Para ella: “La persona menos indicada para decirme si una vacuna está lista o no es aquella que tiene una inversión en la misma”.», considera Krimsky

Según los cálculos de Forbes, el patrimonio privado de Bill Gates, que se estima en aproximadamente US$115. 000 millones], registró un aumento de más de US$10.000 millones durante la pandemia. Se desconoce si los Gates tienen inversiones personales en empresas dedicadas a COVID.

Aunque la Fundación Gates es una organización sin ánimo de lucro, sigue generando miles de millones de dólares en ingresos, en los últimos cinco años ha ingresado una cantidad mayor de dinero que todas las donaciones benéficas que la fundación ha realizado.

Si la pandemia realmente aporta una ganancia financiera para Bill Gates o para su fundación, es posible que ese dinero sea insignificante en comparación con el impulso político que ha recibido por ser el zar de las vacunas del mundo. Su tan alabado papel en la pandemia parece haber ayudado a institucionalizar y normalizar su poder político en otras áreas de trabajo de su fundación. A comienzos de este año, ante el coro de alabanzas al liderazgo de Gates en COVID, el gobernador de Nueva York Andrew Cuomo anunció que contará con el apoyo de la fundación Gates para reinventar las políticas educativas del estado. (texto de Salud y Fármacos; organización internacional  para diseminar información sobre acceso y utilización adecuada de medicamentos entre la población hispano-parlante.)

Gates lo explicaba en una tribuna para Planeta Futuro, de El País (suplemento financiado por su fundación): “En el mejor de los casos, los filántropos asumen riesgos que los Gobiernos no pueden y que las corporaciones no quieren tomar. Los Gobiernos deben usar la mayor parte de sus recursos en implementar soluciones comprobadas. Las empresas tienen responsabilidades fiduciarias con sus accionistas. Sin embargo, fundaciones como la nuestra poseen la libertad de probar ideas —que de otro modo no podrían probarse—, algunas de las cuales pueden conducir a avances“.

El investigador indio sobre pobreza y Tercer Mundo K. M. Gopakumar defiende que la organización debe estar financiada, mayoritariamente, por recursos públicos, para evitar intereses ajenos al de la defensa de la Salud Pública. “La Fundación Gates tiene inversiones en muchas compañías farmacéuticas y de alimentos y bebidas, como Pfizer y Novartis, así como Coca-Cola. (…) Estos vínculos no han impedido que la OMS colabore con la Fundación Gates en la elaboración, por ejemplo, del Plan de Acción Mundial para la Vacunación, adoptado por la Asamblea Mundial de la Salud en 2012, a pesar de que muchas de estas empresas se benefician de este Plan de Acción”, explica

En los 90, Bill Gates era asociado a “una conducta monopolística, depredadora e implacable”, derivada de su actitud al frente de Microsoft: consistente en aplastar a cualquier tipo de competencia para establecer Windows y su software como el sistema operativo por defecto. De hecho, el magnate tecnológico se enfrentó en 1998 a un juicio por sus tácticas de negocio. Y en los 18 meses que pasaron desde el comienzo del juicio hasta el veredicto, Gates aumentó considerablemente su contribución a la fundación que había creado solo tres años antes, explica Rob Larson en Jacobin Mag.

En definitiva, las ventajas de la filantropía consisten en escapar al escrutinio público.

Una vez más, y para concluir, es el propio Bill Gates el que lo explica, preguntado por si barajaba presentarse a la Presidencia de los Estados Unidos: “Decidí que el mundo de la filantropía era donde mi contribución podía ser única. Puedo influir tanto en ese rol como en cualquier cargo político. No tengo que hacer campañas políticas, no tengo que intentar ser elegido, no tengo un plazo de ocho años”. (Infolibre – Javier Martinez)

La organización internacionl GAVI, dedicada a campañas de vacunación, anunció (07.08.2020) que colabora con un instituto indio y la Fundación Bill y Melinda Gates para acelerar la fabricación en 2021 de futuras vacunas contra COVID-19 “seguras y eficaces” para los países menos desarrollados.

“Una nueva colaboración histórica entre el Serum Institute of India (SII), el mayor fabricante de vacunas a escala mundial, el GAVI y la Fundación Bill y Melinda Gates permitirá acelerar la fabricación y suministro de hasta 100 millones de dosis de vacunas para los países con ingresos intermedios”, indicaron desde el GAVI.

Este acuerdo permitirá al instituto SII aumentar su capacidad de producción y fabricar a gran escala las vacunas del nuevo coronavirus, que serán vendidas en unos 92 países por un precio máximo de 3 dólares la dosis, precisó el comunicado del consorcio.

 

GAVI está presente en 73 naciones y su red de operaciones implica a gobiernos, asociaciones, oenegés, agencias de desarrollo, fundaciones y empresas. (Made for minds).

 

Conclusión: me siento un conejito de indias que suma más dinero a las arcas de los multimillonarios… perdiendo derechos y libertades cada día.

 

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