Interés General

“Sólo estoy sangrando”: arte sobre la menstruación en Suecia

diciembre 27, 2021 1:01 pm POR ACTUALIZATE

La propuesta es intentar terminar con algunos prejuicios. ¿Y qué prejuicio está más instalado que el de la menstruación?

Un vistazo a la historia nos demuestra que el temor a la menstruación podría incluso estar presente desde la Prehistoria. Se cree que los hombres prehistóricos, como cazadores, temían que la sangre menstrual propiciara ataques de animales peligrosos.

Un texto del Antiguo Testamento, el Levítico, habla de la impureza de la mujer con la regla: “Cuando la mujer tuviere flujo de sangre, y su flujo fuere en su cuerpo, siete días estará apartada; y cualquiera que la tocare será inmundo hasta la noche.

Miles de mujeres y niñas son expulsadas de sus casas cada mes por tener la regla. Son relegadas al campo, al patio o a los cobertizos destinados a los animales. Es el chaupadi —el aislamiento para menstruar—, una practica hindú que las obliga a abandonar el hogar y que es habitual en algunas comunidades del oeste de Nepal. Creen que si no alejan a las mujeres con la regla, el pueblo y la comunidad sufrirá una desgracia.

En Japón la totalidad de los chefs de sushi son hombres. A la tradicional sociedad patriarcal y la pervivencia de los roles de género se suma una superstición relacionada con la regla. Son muchos los que todavía creen que la menstruación —enorme tabú también en el país asiático— influye en la preparación de alimentos.

En Malawi las madres y los padres no hablan a sus hijos sobre la regla. Menstruar es allí top secret. Son las tías quienes, en todo caso, explican a las niñas cómo hacer compresas caseras, las instruyen para no hablar de la regla en público y no acercarse a los chicos.

Un informe de Unicef y el Ministerio de Educación afgano señala que más del 70% de las adolescentes afganas no se ducha cuando menstrúa y alrededor del 50% no sabía qué era la regla antes de tenerla por primera vez.

Una creencia popular en algunas regiones de la Bolivia rural dicta que la sangre menstrual no puede mezclarse con otros residuos. Si se hace, puede provocar enfermedades o incluso cáncer a toda la comunidad.

Estas creencias o prejuicios provocan una alarmante cifra de inasistencias escolares en las niñas.

La menstruación como algo sucio, impuro, tóxico, contaminante, ha sido una constante en tantos lugares y durante tantos siglos que podría parecer universal, pero no lo es: “Cómo percibimos la regla es algo claramente cultural. No deja de ser una construcción social, aun estando basada en algo biológico. Aún es un gran tabú para nosotras”, aclara Noemí Villaverde, autora de Una antropóloga en la luna.

En el siglo XX, con el auge del feminismo, expresiones artísticas comenzaron a responder a estas agresiones históricas hacia el cuerpo de las mujeres.

Una mano extrae un tampón ensangrentado. A la imagen, que es de 1971, se la ha considerado la primera muestra de arte menstrual, su autora es Judy Chicago, pionera del arte feminista. Gioconda Belli, en la misma época, dedicó un poema a la que llamó “la enfermedad de las mujeres”. No fueron hechos aislados.

Las feministas de la segunda ola, que se produjo durante las décadas de los sesenta y los setenta, reivindicaron el cuerpo de la mujer y sus procesos. Lo hicieron, especialmente, desde el Colectivo de Mujeres de Boston, que publicó el libro Nuestros cuerpos, nuestras vidas. Aunque hoy se visibiliza la regla desde el arte y a través de las redes sociales, se sigue silenciando en el ámbito personal, especialmente cuando hay hombres cerca. Ya no es una maldición, pero sigue arrastrando vergüenza.

La exhibición que apareció en octubre de 2017 en la estación de Slussen dejó a muchos con la boca abierta. Eran obras de la caricaturista Liv Strömquist, habían sido elegidas por funcionarios de la ciudad y marcaron un hito en la historia feminista.

“Las que generaron un gran debate fueron tres imágenes diferentes de patinadoras sobre hielo con manchas menstruales en la entrepierna”, recuerda la artista.

“Para mí, personalmente, la menstruación siempre había sido algo muy, muy doloroso y vergonzoso. No podía hablar con nadie al respecto. Pensé que era interesante investigarlo como algo que está en toda la sociedad: ese sentimiento de vergüenza por algo muy, muy natural que la mitad de la humanidad experimenta, en vez de interpretarlo de alguna manera psicológica personal”, dijo la artista.

El tunnelbana, como se le llama al metro de la capital sueca, a menudo es descripto como la galería más larga del mundo, con arte expuesto en 90 de las 100 estaciones a lo largo del sistema de túneles de 109 kilómetros.

Las imágenes encendieron un fuerte debate en los medios locales y globales y las redes sociales.

“El que hubieran colgado esas obras de arte significaba que había iniciativas desde arriba que indicaban que estaba bien mostrar la menstruación en un lugar público y que la gente la viera todos los días”, subraya Louise Klinter, de la Universidad de Lund, quien investigó a fondo el estigma en torno a los períodos.

Suecia tiene una larga historia de educación sexual obligatoria. Desde la década de 1950, los alumnos generalmente aprenden sobre la menstruación alrededor de los 10 años, en clases de género mixto.

Sin embargo, menos de la mitad de las mujeres de 16 a 21 años consultadas para una encuesta reciente de Mensen dijo que sabían lo suficiente sobre los períodos antes de tener el primero.

Algunos piensan que las lecciones deberían comenzar en el preescolar. La autora Anna Samuelsson es una de ellas: acaba de escribir el primer libro de Suecia sobre la menstruación para niños de 3 a 6 años. “Los pequeños son muy observadores”, afirma.

La ceramista Linnea Håkansson ya había sido invitada a participar en una exposición municipal, pero cuando les dijo a los funcionarios que planeaba mostrar sus jarrones de menstruación la llamaron a decirle que “no podían ser tan políticos en la exposición”.

Los organizadores rechazaron una entrevista con la BBC, pero un portavoz de los Demócratas de Suecia envió un comunicado diciendo que la obra de Håkansson es un ejemplo del tipo de arte que no cree que la mayoría de los contribuyentes quieran apoyar.

“No entiendo por qué esta sangre es algo tan difícil de aceptar en el arte”, dice la artista u agrega: “Hay muchos ejemplos, como Jesús de la cruz y las batallas sangrientas. Pero no podemos aceptar la sangre menstrual. La gente piensa que es asquerosa por alguna razón”.

“El que hubieran colgado esas obras de arte significaba que había iniciativas desde arriba que indicaban que estaba bien mostrar la menstruación en un lugar público y que la gente la viera todos los días”, subraya Louise Klinter, de la Universidad de Lund, quien investigó a fondo el estigma en torno a los períodos.

Visualizar las cosas es muy importante para desestigmatizar. Cuando podemos vernos en la cultura y en otras cosas normalizamos las cosas y podemos comenzar a lidiar con ese estigma internalizado con el que todos hemos sido criados”, apunta Klinter. A pesar de lo conseguido, Suecia sigue estando muy lejos de la utopía de Liv Stömquist: a muchos les sigue resultando incómodo hablar de períodos.

En nuestro país, que en las propagandas de toallas femeninas aún aparezcan manchas de color azul, habla a las claras de cuánto estamos atravesadas y atravesados por estos prejuicios.

Despidamos el año despidiendo a las falsas toallitas con manchas azules.

Reivindiquemos la menstruación de modo real. Sin trampas.

No te podés perder

“Sólo estoy sangrando”: arte sobre la menstruación en Suecia — Actualizate