Interés General

Abuso sexual en los medios de comunicación y artísticos

diciembre 17, 2021 11:10 am POR ACTUALIZATE

En el marco de la indagatoria que se le realiza a Fabián Gianola por abuso sexual, resulta pertinente reflexionar acerca de este tema.

Una reflexión que se nos hace necesaria especialmente al considerar el largo listado de artistas de distintos rubros y de personajes conocidos en los medios de comunicación. “Abuso sexual es una expresión utilizada con diversos alcances, según los países, para referirse genéricamente al acto en perjuicio de la libertad sexual de otra persona. ​

En sentido genérico el “abuso sexual” abarca desde el lenguaje abusivo cotidiano con contenido sexual y otras formas de trato y acoso ofensivas, ​ que en muchas ocasiones no son consideradas delitos, pero que pueden ser consideradas como faltas laborales o de convivencia, hasta los casos más grave tipificados como delitos sexuales. Se relaciona con la violencia de género, la violencia doméstica y el maltrato infantil. Una modalidad específica de abuso sexual, es el abuso sexual infantil, que tiene peculiaridades psicológicas debido a la extrema vulnerabilidad, impacto traumático y dificultades para la comunicación de los niños.”

Antes de las reflexiones cabe repasar ese listado.

  • JUAN DARTHÉS. Denunciado por la actriz Thelma Fardín en una convocatoria organizada por el colectivo Actrices Argentinas a fines de 2018. La conmoción fue inmediata. El lema de las mujeres recorrió el país en pocas horas con su “mirá cómo nos ponemos”, en alusión a las palabras de Darthés mientras procedía a su acción abusiva diciendo a su víctima “mirá cómo me ponés”.
  • CRISTIAN ALDANA. Músico e integrante de “El Otro Yo”, fue condenado a 22 años de prisión por abuso sexual gravemente ultrajante y corrupción de menores.
  • LUCAS CARRASCO. Periodista, bloguero y panelista del programa “6-7-8” fue condenado a nueve años de prisión por abuso sexual agravado por acceso carnal. Inicialmente tenía una relación consentida con su víctima hasta que devinieron los abusos.
  • ROBERTO PETTINATO. Conductor televisivo y músico. A modo de ritual besaba a las mujeres que trabajaban con él en su primer día de trabajo y las manoseaba, entre otras acciones abusivas. La periodista Fernanda Iglesias, Karina Mazzocco, Julieta Ortega, Señorita Bimbo, Emilia Claudeville, Josefina Pouso, Martina Soto Pose, Fiorella Sargenti, Mariana de Iraola y Mariela Anchipi son las mujeres que se animaron a hablar públicamente sobre los acosos sufridos.
  • ARI PALUCH. Periodista y conductor. Denunciado por acoso sexual y laboral ante los medios, nunca ante la Justicia. Se defendió diciendo “las disculpo porque lo inventaron”. Pero en un video obtenido por las cámaras de seguridad del estudio se lo ve a Paluch tocándole la cola a una mujer.
  • MARIANO IÚDICA. Conductor de “Involucrados” besó sin su consentimiento y frente a cámaras, en vivo, a la co-conductora del programa, y la persiguió por el piso del estudio ya fuera de cámara, mientras ella intentaba protegerse detrás de otros compañeros.
  • MIGUEL DEL SEL. Integrante de “Midachis” y ex embajador en Panamá, fue denunciado por acoso sexual en una entrevista que le realizaba.
  • OMAR PACHECO. Director de teatro. Se suicidó tras enfrentar dos escraches simultáneos de ex alumnas que lo denunciaban por acoso sexual, abuso en ámbito laboral y estafas.
  • TRISTÁN. Fue señalado por tendencias acosadoras y maltratadoras contra las mujeres, otras denuncias fueron por lesiones y amenazas, y más acoso.
  • Cantante. Una joven lo denunció en la ciudad de Cipolletti durante una de sus presentaciones. El expediente investigó al cantante por el delito de “abuso sexual simple”.

Y aquí abandonamos una lista que en las últimas semanas sumó a Fabián Gianola. Porque es bastante más larga y sin mencionar los casos de famosos en el resto del mundo.

Gracias al movimiento “Me Too” ( “yo también” -fui abusada-) iniciado de forma viral como hashtag en las redes sociales, surgido en octubre de 2017 para denunciar la agresión sexual y el acoso sexual contra el productor de cine y ejecutivo estadounidense Harvey Weinstein, las mujeres se animaron a denunciar estas prácticas de las que resultaron en víctimas. ​

La frase, utilizada durante mucho tiempo en este sentido por la activista social Tarana Burke, fue popularizada por la actriz Alyssa Milano, quién animó a las mujeres a twitear sus experiencias para demostrar la naturaleza extendida del comportamiento misógino. ​ Desde entonces el hashtag ha sido utilizado por millones de personas, entre ellas muchas celebridades.

El término misógino refiere al desprecio, desvalorización y prejuicio  en contra de las mujeres. Es sinónimo de “sexismo” por estas épocas.

Pero la misoginia atraviesa toda la historia. La encontramos hasta en los textos sagrados de las distintas religiones. Sin ir más lejos pensemos en “Eva”, la que fuera creada de una costilla de “Adán” y culpable de todos los males de la historia.

A lo largo de la historia fueron muchos los intentos de demostrar que las mujeres carecían de alma y quienes más se opusieron a la creencia de que una mujer podría llegar a tenerla fueron los grupos religiosos. Poco a poco se les fue reconociendo ese “derecho” a poseer alma, pero todo iba en función de la raza, creencia religiosa o posición social de la mujer que debía tenerla.

Los Cristianos disiparon parte de sus dudas a raíz del “Concilio de Éfeso”, en el año 431, donde llegaron a la conclusión -después de muchas discusiones y de “excomulgar” a algunos obispos- de que la mujer sí que tiene alma y reconociendo que María debía ser considerada la “Madre de Dios”.

En la actualidad algunos sectores Judíos siguen discutiendo sobre si las mujeres tienen o no tienen alma, aunque los grupos más radicales y ultra ortodoxos siguen negando que la tengan.

Los filósofos griegos, acuñadores de la cultura occidental hasta nuestros  tiempos, ya definían a las mujeres “como hornitos donde gestar a los hombres, si nacía mujer era por defecto del horno”. Desde el comienzo de la civilización griega, las mujeres estaban bajo la autoridad patriarcal de los hombres. Así pasaban de la autoridad de su padre a la autoridad de su marido. No fue sino hasta la reforma de Solón cuando las mujeres pudieron tener derecho a heredar la propiedad de su padre, siempre y cuando no hubieran tenido algún hermano masculino.

Debido a que las mujeres eran consideradas como algo débil, tenían que ser protegidas. Su única condición era la de esposa y madre, encargadas de la educación y crianza temprana de sus hijos. Las mujeres sólo mantenían la vida en casa, ya que incluso el papel de la mujer en la concepción era limitado. Se consideraba que el hombre era el que ponía en la mujer el alma del futuro hijo (varón, se entiende).

En la mitología, el papel de la mujer era un tanto ambiguo. Si por un lado se encontraba la figura divina y sobrehumana de la diosa Atenea, por otro se representaba a la mujer como la inspiradora del dolor y el mal, con la imagen de Pandora, cuya locura equivocada introdujo el mal en el mundo. El propio Aristóteles llegó a decir en una ocasión que «… la hembra es un macho deforme»…

Freud, el padre del psicoanálisis, era un misógino que le vino como anillo al dedo a la ideología patriarcal. Basta con dos de sus aportes como ejemplo: “la mujer es un hombre incompleto” y “la mujer tiene envidia del pene”. Y ni qué decir acerca de sus macabras conclusiones sobre el “complejo de Edipo” y el papel de las madres en todo este supuesto entuerto.

Sí debemos agradecerle que, en plena época victoriana y de represiones sexuales, se atrevió a indagar en la sexualidad femenina. Pero  acuñó el término “histeria”.

En la época de Hipócrates se creía que el útero era un órgano móvil que deambulaba por el cuerpo de la mujer, causando enfermedades a la víctima cuando llegaba al pecho. A este desplazamiento se le atribuían los trastornos sintomáticos, esto es, los sofocos o las convulsiones.

La etimología de la palabra recoge, por tanto, esa idea: la histeria como una enfermedad del útero y, por lo tanto, propia de la mujer, que causa trastornos en el comportamiento psicológico.

Lo cierto es que este desprecio histórico se manifiesta cotidianamente al punto de estar  naturalizado.

Se naturaliza en las “bromas” festejadas, esas que muestran a los cuerpos de las mujeres sólo como objetos sexuales y a las que se refieren a sus capacidades intelectuales y a sus estados de ánimo.

Los medios de comunicación no son excepción, en su profundo androcentrismo han puesto al varón como medida de todas las cosas.

En función de esta medida es que las mujeres resultan cosificadas,  sus relatos resultan “ninguneados”, descreídos, ignorados.

“Lo que no se nombra no existe”.

El “me too” nombró a la misoginia. Le puso nombres y apellidos.

Estamos transitando la época de nombrar problemas como son la desigualdad y los estereotipos de género, la discriminación laboral y salarial, la trata, la prostitución, las violencias contra las mujeres y las diversidades sexuales, la discriminación política y económica.

En esa dirección va la propuesta del lenguaje inclusivo, tan resistido en el mundo y en las distintas lenguas.

Como es resistida la lucha de las diversidades sexuales por terminar con la heterosexualidad obligatoria.

La héteronorma y la misoginia van de la mano. Muy estrechamente entrelazadas. Resisten y resisten.

Por lo tanto, sin reflexionar acerca de “en cuánto y cómo nos atraviesan esas dos ideologías”, jamás podremos terminar con el flagelo de la violencia de género en cada ámbito de nuestras vidas.

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