Pandemia

Covid-19: sin vacunas 100% efectivas, hubo euforia en los mercados

octubre 23, 2021 5:23 pm POR ACTUALIZATE

Las industrias farmacéuticas, ganadoras en la crisis del Covid-19, avivan una crisis sin precedente de derechos humanos.

Mientras se declaraban los primeros casos de Covi-19 y su consiguiente pandemia, se dieron vuelta nuestras vidas cotidianas. Cambiaron las formas de trabajar, de relacionarnos con otras personas, las prioridades y los valores, tanto sociales como personales.

Y fatalmente dejaron de ser noticia otras muertes, en los llamados países emergente o en vías de desarrollo, por neumonía, sarampión, rubeola, tuberculosis, todas ellas enfermedades controladas y casi desaparecidas en los países desarrollados.

Sus vacunas llevan muchos años en el calendario de vacunación de los niños y niñas de los países ricos, totalmente asumidas e insertadas, pero son una de las principales preocupaciones de gobiernos y organizaciones como Unicef en otros lugares del mundo, los más pobres.

Los datos que compartiré a continuación intentan dar algo de luz a los motivos de esta inexistencia y su relación con los grandes negocios. Tal como ocurre con las vacunas contra el Covid-19.

AstraZeneca, BioNTech, Johnson & Johnson, Moderna, Novavax y Pfizer se negaron a participar en las iniciativas concebidas para impulsar el suministro global de vacunas

Menos del 1% de la población de los países de ingresos bajos está totalmente vacunada, frente al 55% de la de los países ricos

BioNTech, Moderna y Pfizer han previsto ganar 130.000 millones de dólares estadounidenses para finales de 2022

Según Amnistía Internacional seis empresas que están al frente de la distribución de las vacunas contra el COVID-19, avivan una crisis sin precedente de derechos humanos con su negativa a renunciar a los derechos de propiedad intelectual y compartir la tecnología de las vacunas, y casi ninguna da prioridad a las entregas dirigidas a los países pobres.: AstraZeneca plc, BioNTech SE, Johnson & Johnson, Moderna, Inc., Novavax, Inc. y Pfizer, Inc. El informe presenta una imagen muy sombría de un sector que desafortunadamente no respeta los derechos humanos.

Pese a que la mayoría reciben importes multimillonarios de fondos públicos (procedentes de los impuestos de la ciudadanía) y pedidos anticipados, los fabricantes de las vacunas han monopolizado la propiedad intelectual, impedido la transferencia de tecnología y llevado a cabo un trabajo agresivo de incidencia contra las medidas que podrían ampliar la fabricación global de estas vacunas. Su pasividad constante ha perjudicado los derechos humanos de los miles de millones de personas que aún no pueden acceder a una vacuna contra el COVID-19 que puede salvarles la vida.

Nuestras actividades tanto individuales como sociales, crean y/o destruyen valor económico, pero también social y medioambiental. Las empresas no son ajenas a esta generación de valor con su consecuente impacto social.

Moderna anunció el 16 de noviembre de 2020 que su vacuna tenía una efectividad del 94,5%. Ese día sus acciones subieron un 15% respecto del día anterior y durante todo el mes de noviembre el precio por acción se ha multiplicado por 2,14 en la Bolsa de Nueva York (NASDAQ)
Pfizer, por su parte, subió su cotización un 13% el día que reveló sus buenas expectativas sobre la efectividad de su producto. Cuando, el 9 de noviembre de 2020, Pfizer Inc. dijo que su vacuna anticovid-19, desarrollada con su socio alemán BioNTech SE, era efectiva en un 90%, el mercado bursátil del mundo marcó varios hitos a la vez: Wall Street llevó a dos de sus principales índices a tocar récords históricos; los precios del crudo subieron más del 10% y las acciones europeas saltaron a su mejor nivel en ocho meses.

El optimismo fue tal que la euforia en las plazas bursátiles mundiales se prolongó por días.

La tercera vacuna en disputa es la desarrollada por AstraZeneca y la Universidad de Oxford. En palabras de su CEO, “Nuestro objetivo es suministrar la vacuna a todo el mundo. Tenemos un objetivo que es también hacerlo sin beneficio, o sea que entregaremos la vacuna a precio de fábrica en todo el mundo”. Esto es: alrededor de 3€ por dosis. El día del anuncio sus acciones bajaron un 2% respecto a la cotización anterior.

Suponiendo que la cotización de una empresa sea un buen indicador de su valor económico, las cosas parecen estar claras. Desarrollar una vacuna, un nuevo medicamento, es costoso y la inversión realizada debe ser al menos retornada, cuando no ampliada, en términos de capitalización bursátil. Los inversores ponen dinero en proyectos tratando de optimizar la relación entre riesgo y beneficio a través de ratios y comparaciones como el famoso ROI (retorno de lo invertido).

Pero en un mundo en el que cada vez se hace más presente el capitalismo de stakeholders (accionistas, directivos, empleados, proveedores, clientes…), el impacto social y medioambiental de una empresa no parece estar reflejado en sus valoraciones bursátiles.

Dicho en otras palabras, el valor económico de las vacunas va en dirección opuesta al impacto socio-medio-ambiental.

Como ocurre con otras vacunas, los países pobres no tendrán fácil acceso a la vacuna contra el Covid-19.

Las grandes ganadoras han sido las farmacéuticas, que han visto disparadas sus cotizaciones en bolsa.

Aún sin resultados concretos y lejos todavía de su comercialización, la sola especulación sobre la efectividad de una vacuna –todavía en estado experimental- ya ha movido miles de millones de dólares en bolsa, con un claro ganador: las farmacéuticas.

El desarrollo de una vacuna normalmente lleva años, pero con el Covid-19 todo ha sido diferente. La pandemia embarcó a las principales farmacéuticas del mundo en una carrera contrarreloj para encontrar una en el menor tiempo posible. Sin embargo, ninguno de los promisorios proyectos ha logrado probar una eficacia del 100%.

La Organización Mundial de la Salud declaró que el mundo estaba en pandemia el 11 de marzo de 2020. En ese entonces, la acción de Moderna costaba 23,61 dólares. Hoy vale cuatro veces más (97,61 dólares). Su capitalización bursátil pasó de 9.300 millones de dólares a 38.600 millones de dólares.

El caso de Pfizer es más moderado. En ocho meses, ha ganado más de 30.000 millones de dólares en valor de mercado, o sea 20 por ciento más, hasta superar los 200.000 millones de dólares.

Los títulos de BioNTech, por su parte, hoy se cotizan al triple: ya no los 32 dólares del 11 de marzo, sino 104 dólares, con un valor bursátil de 25.000 millones, muy por encima de los 8.000 millones de dólares iniciales.

Pero más allá de la especulación, que es propia del mercado bursátil, el auge en el mercado de las farmacéuticas ha planteado un debate ético. Por ejemplo, el día en que Pfizer anunció la efectividad del 90% en su prospecto de vacuna, su CEO, Albert Bourla, vendió acciones por 5,6 millones de dólares.

En estos días la tendencia alcista en esta guerra declarada entre laboratorios está cambiando. Las acciones de Moderna han caído más de un 30 por ciento en dos semanas tras la publicación de varios estudios que afectan a su vacuna.

Sus acciones se desploman más de un 30 por ciento desde el 24 de septiembre último. La última caída llegó este miércoles, cuando la farmacéutica se dejó cerca de un 9 por ciento en la Bolsa de Nueva York tras suspender Suecia y Dinamarca el uso de su tratamiento antiCovid en jóvenes.

Un estudio publicado en la revista The Lancet apuntó que la dosis de refuerzo no sería necesaria en la mayoría de los pacientes. “Ninguno de los estudios ha proporcionado evidencias creíbles de que disminuya sustancialmente la protección contra enfermedades graves”, sentenció el informe

Además, el anuncio de la elevada efectividad de la pastilla de Merck contra el coronavirus cayó como un jarro de agua fría y desarmó en bolsa a las farmacéuticas que desarrollan las vacunas.

La compañía Merck pone fin de esta forma al rally bursátil de las otras farmacéuticas que venían acumulando desde el comienzo de la pandemia. Solo en el ejercicio de 2021, los títulos se han disparado un 170 por ciento.

Las acciones de Merck Sharp & Dohme (MSD) que en el último año han sido ignoradas por los inversores, por su papel irrelevante en la lucha contra la pandemia, viven su momento de gloria gracias al éxito de molnupiravir, la pastilla que tiene una eficacia del 50 por ciento para reducir el riesgo de hospitalización o muerte por Covid-19.

Desde que el pasado viernes se dieran a conocer los resultados de los ensayos de la multinacional alemana, sus acciones están disparadas. Los inversores están eufóricos y mantienen las compras en el valor.

La clave, posiblemente, esté en que MSD, después de confirmar que su molnupiravir reduce las hospitalizaciones y muertes en personas ya infectadas, ha puesto el foco en pruebas que apuntan a que esta pastilla puede prevenir la infección por Covid.

La noticia llega en un momento crítico en el control de la pandemia, con los negacionistas resistiéndose a ser vacunados. En los Estados Unidos crece el número de profesionales del sector sanitario que prefieren ser despedidos antes de recibir la vacuna contra el Covid-19.

“Esta es la pandemia de los no vacunados” ha llegado a decir el presidente de los Estados Unidos, Joe Biden, escandalizado por los millones de estadounidenses que se resisten a ser inoculados contra el virus.

Recordamos el comunicado que diera esta empresa MSD acerca de la carencia de vacunas antineumocócicas, que ellos producen: “En el día de hoy (16/04/2020) comunicamos a ANMAT la falta temporaria de nuestra vacuna Pneumovax 23, vacuna neumocóccica polivalente, inyectable, con fecha estimada de restablecimiento en Julio 2020”.

Motivo de la suspensión o discontinuidad del producto: Demoras en la producción en origen por incremento de la demanda a nivel mundial.

Hoy, 23/10/21, seguimos con la misma carencia. Las preguntas obligadas son: ¿Están realmente preocupados por la salud de la Humanidad y ocupados en ella? ¿O están más ocupados en el control de los mercados para garantizar su poder económico?

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