Interés General

¿Qué desafíos tienen los varones en pleno auge del feminismo?

octubre 15, 2021 11:30 am POR MED

¿Que define lo masculino? ¿Qué hace hombre a un hombre? ¿cuáles serán sus desafíos en estos tiempos del feminismo?

Son algunas de las preguntas que se trataron de responder en el V Coloquio internacional de estudios sobre varones y masculinidades, titulado “Patriarcado en el siglo XXI: cambios y resistencias”.

El V Coloquio Internacional de Estudios sobre Varones y Masculinidades, realizado en Santiago de Chile en Enero de 2015,  se propuso reunir a investigadores/as, académicos/as, activistas y gestores de políticas públicas de América Latina, el Caribe y otros contextos para actualizar el estado del arte de los estudios de masculinidades y las acciones transformadoras por la igualdad de género que incluyen a los hombres, para debatir sobre el patriarcado y las relaciones de género en el contexto actual, problematizar categorías, enfoques y abordajes, y proponer lineamientos y desafíos para la investigación, la acción y las políticas públicas.

“Nos interesa relevar la condición patriarcal como sistema de dominio que ha adquirido nuevas formas de expresión, discutiendo cómo los privilegios de la masculinidad han mutado adquiriendo nuevas formas de expresión en diversos contextos. Interesa reflexionar y debatir cuáles son esas transformaciones y qué las han facilitado, cuáles son las resistencias, y qué condiciones habría que generar para avanzar hacia la igualdad de género” según palabras de los organizadores.

Cristian González Arriola, psicólogo e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México UNAM observa una relación  entre las formas de actuar, pensar y sentir asociados a la posición social y cultural de los sujetos. Desde el punto de vista del género, el  habitus estaría conformado por una masculinidad hegemónica fundada en el machismo y en la superioridad de un género por sobre el otro. “Se enseña a los hombres desde niños a no  mostrar emociones o signos de debilidad: a ocultar todo lo que lo acerque a lo femenino. Los hombres tenemos que demostrar ser hombres de manera constante y periódica y la masculinidad existe en oposición a lo femenino y  por eso se construye en relación a nosotros, las parejas, los amigos, los colegas” y explica que desde la perspectiva de algunos autores, la masculinidad, en tanto construcción cultural, estaría referida más a una posición de poder respecto de otros, que a una condición biológica.

El patriarcado es una construcción social e histórica, no es biológica. Es una estructura de poder en la que el varón también resulta sometido por otros patriarcas.

Desde el punto de vista biológico, determinamos el ser hombre o mujer de acuerdo a la genitalidad.
Pero la naturaleza no es tan binaria. Nacemos con genitales femeninos algunas personas, otras con genitales masculinos y otras con ambas genitalidades, las  hermafroditas.

Sabemos que todas y todos tenemos hormonas femeninas y masculinas en nuestros organismos. En las personas masculinas predominan los andrógenos y en las femeninas los estrógenos.
Ocurre que los seres humanos no somos sólo entidades biológicas, sentimos, pensamos, socializamos, aprendemos y actuamos en consecuencia. Somos seres bio-psico-sociales.

Aprendemos a ser, a sentir, a pensar y a actuar en el grupo social de pertenencia. Nuestra psiquis se va constituyendo en el grupo.

Nuestra conciencia se va constituyendo socialmente. Nuestros gustos musicales, nuestra forma de vestir, nuestras apetencias se van consolidando en el contexto en el que interactuamos.
También la forma en que deben ser los varones o las mujeres. Siempre desde esa hetero-norma.
Debés ser mujer o debés ser hombre. No importan otras genitalidades, otras percepciones. La heterosexualidad obligatoria establece emparejarse sólo a varones con mujeres.

He aquí los llamados roles de género.
Esos roles son mandatos sociales, históricos, ancestrales.
Nos ordenan en cómo vestir, cómo actuar, dónde trabajar.
Al varón le ordenaron ser fuerte, proveedor, callejero, emprendedor, aventurero, macho.
A la mujer le ordenaron ser débil, sumisa, delicada, sensible, ocuparse del hogar y de las crianzas.
Al varón lo humillan si lo ven llorar. Es un patrimonio de las mujeres.
Organizaron deportes de y para varones. También otros de y para mujeres.

Klaudio Duarte, sociólogo, académico e investigador de la Universidad de Chile, señala que si bien los estudios de masculinidades llevan décadas desarrollándose, es en los últimos 30 años donde se ha vuelto más urgente develar la forma en que se produce la construcción de la identidad del sujeto masculino: “Los hombres aprendemos a ser hombres. No nacemos machistas, aprendernos a reproducir patriarcado a través del sexismo, la homofobia, el falocentrismo, la heteronormatividad. Lo importante es que esos aprendizajes se pueden desaprender, lo que implica necesariamente una lucha política”; señala que si bien el patriarcado oprime a los hombres, éstos conservan intactos los privilegios que les otorga: “Ser los primeros en sentarnos a la mesa, comernos el plato de comida más grande, ser aquí mismo en la Universidad de Chile los que ganamos el mejor salario respecto a nuestras colegas, los que podemos ejercer violencia, piropear a las mujeres en la calle y tocarles el trasero en el metro sin que nadie diga nada,  porque esa violencia está naturalizada”, señaló y agregó que no se trata de construir un discurso bajo la lógica del empate entre hombres y mujeres, porque “mientras los varones no soltemos esos privilegios, esa idea de que también somos víctimas del patriarcado no va a poder ser asumida por nosotros”.

Si bien en estos tiempos los varones han aprendido a “ayudar” en las tareas domésticas y en el cuidado de los hijos e hijas, también a demostrar afecto y contención emocional, generalmente en el entorno familiar esto aún no resulta en una conciencia igualitaria en lo que a derechos se refiere, sino más bien en una convención de convivencia en el seno de su familia. Considerar las tareas domésticas como un verdadero trabajo sigue encontrando grandes resistencias.
Las conclusiones del V Coloquio Internacional de Estudios sobre Varones y Masculinidades señalan que el patriarcado se entronca con un sistema de dominio que tiene como base la economía capitalista, el racismo y el adultocentrismo.
En algún momento de la historia muy antigua, se creía que la tierra era plana y que el sol giraba en torno a ella. Sostenían una teoría geocentrista. La Tierra como centro del Universo.

De la mano de este geocentrismo iba el andropocentrismo. Se consideraba al “Hombre” (así se generaliza aún hoy a la humanidad. Cambio pendiente por supuesto) como al ser con más jerarquía en la naturaleza. Aunque, convengamos, sigue siendo de este modo.

El “hombre” también estableció jerarquías entre ellos.
El concepto de familia bien lo expresa. El término viene del latín “famulus”: todo aquello que le pertenece al señor, territorios, sirvientes, esclavos, mujer e hijos.
Esas jerarquías establecieron, con el tiempo, ideologías de supremacías “raciales o étnicas”. Surgió la supremacía blanca, que aún hoy anida en nuestras culturas.

“Ante lo que está ocurriendo lo primero que tenemos que hacer los hombres es ponernos delante del espejo, analizarnos y darnos cuenta de la situación privilegiada que tenemos por el simple hecho de ser hombres. Y justo después asumir la parte de responsabilidad que nos corresponde para transformar el statu quo”, asegura Octavio Salazar, profesor de Derecho Constitucional y autor de El hombre que (no) deberíamos ser. “Ellas llevan siglos planteándose su lugar en la sociedad, nosotros nunca lo hemos hecho. La gran revolución pendiente del siglo XXI es la masculina”, insiste Salazar. “Y ese proceso sólo lo podemos hacer quitándonos todas esas capas de cebolla, las máscaras que la masculinidad nos ha ido imponiendo, todo lo que siempre ha implicado ser ‘un hombre de verdad'”.

“Si el machismo ha perdurado a lo largo de los siglos es porque los hombres hemos sido cómplices, en muchos casos con nuestro silencio. Aunque no seamos acosadores ni violadores ni puteros, hemos guardado silencio cómplice”, denuncia.

“Los hombres tenemos que dejar de dar lecciones a las mujeres y trabajar con nosotros, entre nosotros, porque estamos carentes de modelos. Por ser ‘hombres de verdad’, de acuerdo al mandato social,  hemos vivido muy cómodos, pero también hemos renunciado a un montón de cosas, a lo más privado, a las emociones. Si cada uno asume su responsabilidad daremos un paso histórico. Y si no lo hacemos, esto se quedará así otro par de siglos”.

Responder a la pregunta “¿qué es ser hombre?” no es una tarea fácil.
Tarea pendiente para varones de verdad.
No es cosa de machos.

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