Interés General

El único preso en el Estado Soberano más pequeño del mundo: el Vaticano

octubre 7, 2021 5:00 pm POR ACTUALIZATE

Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa Benedicto XVI, permanecía encerrado, incomunicado y sometido por la Santa Sede a un régimen como el de la base de Guantánamo.

Al día 25 de mayo de 2012 Paolo Gabriele, el mayordomo del Papa Benedicto XVI, permanecía encerrado, incomunicado y sometido por la Santa Sede a un régimen tan siniestro como el de la base de Guantánamo, por haber robado documentos secretos del Vaticano. Le habían detenido el día anterior.

Poco ha trascendido acerca de sus condiciones de detención.

La Ciudad del Vaticano, ​ oficialmente Estado de la Ciudad del Vaticano (en latín, Status Civitatis Vaticanæ ​ en italiano, Stato della Città del Vaticano), ​ o simplemente el Vaticano, es un Estado soberano sin salida al mar, cuyo territorio consta de un enclave​ dentro de la ciudad de Roma, en Italia. Es uno de los seis microestados europeos, y también es el Estado soberano más pequeño en extensión y población del mundo.

La Ciudad del Vaticano tiene una extensión de 0,44 km² (44 hectáreas) y una población de aproximadamente 800 habitantes, por lo que resulta un híbrido de ciudad elevada al rango de Estado independiente, siendo además el Estado más pequeño del mundo. ​ Es tan pequeño que solo la basílica de San Pedro es un 7 % de su superficie; la basílica y la plaza de San Pedro ocupan un 20 % del territorio, lo que lo convierte en el territorio independiente más urbanizado del mundo. La Ciudad del Vaticano comenzó su existencia como Estado independiente en 1929 tras la firma de los Pactos de Letrán celebrados entre la Santa Sede y el entonces Reino de Italia, que en 1870 había conquistado los Estados Pontificios.

La Ciudad del Vaticano alberga la Santa Sede, máxima institución de la Iglesia católica. Aunque los dos nombres, «Ciudad del Vaticano» y «Santa Sede», se utilizan a menudo como si fueran equivalentes, el primero se refiere a la ciudad y a su territorio, mientras que el segundo se refiere a la institución que dirige la Iglesia y que tiene personalidad jurídica propia como sujeto de Derecho internacional. En rigor, es la Santa Sede y no el Estado del Vaticano la que mantiene relaciones diplomáticas con los demás países del mundo. Por otro lado, el Vaticano es quien da el soporte temporal y soberano (sustrato territorial) para la actividad de la Santa Sede. (Wikipedia).

Paolo Gabriele estuvo recluido en una celda minúscula en la que no podía ni estirar los brazos, con la luz encendida las 24 horas. Durante la primera noche le negaron hasta la almohada.
Así fue durante dos semanas.

Ante tan impactante noticia, el portavoz de la Santa Sede puntualizó que la celda cumplía con los requisitos internacionales y las convenciones internacionales firmadas. La fiscalía vaticana abrió una investigación sobre la conducta de la Gendarmería a este respecto.

Sin pruebas y sin capacidad de defensa, los abogados de Paolo Gabriele solo podían comunicarse a través del portavoz del Vaticano. Policías, jueces y periodistas habían sido advertidos de que cualquier filtración sería perseguida en los tribunales.
Los periodistas italianos le decían “il corvo”.

Pero no  en referencia al cuervo de San Benito, fundador de la orden de los Benedictinos. Este santo amenazado por la envidia de un servidor, fue salvado por su cuervo  que sustraía el pan envenenado que le era dado.
Esta acepción da cuentas de un cuervo benefactor, protector.
No así la periodística que, influenciada por los resabios del medioevo  anidantes aún entre nosotros, el ser cuervo implica ser traidor, delator, buchón en nuestra jerga.

Es sabido que Paoletto (tal como le llamaba el Papa, quien lo sentía como a un hijo) se autoincriminó en el robo de los citados documentos, como también es sabido que encontraron evidencias en su casa. Un cuervo muy tonto. Guardar elementos de tanto valor en su casa…

¿Tendrían en sus casas documentación que informara sobre cardenales masones, cartas de obispos al Papa que les comprometían como encubridores de pederastas, una misiva del Papa a su nuncio en Alemania en que lamentaba que no fuera más enérgico con la canciller Angela Merkel, apuntes despreciando la copiosa financiación de la Iglesia Católica alemana con dineros públicos, informes sobre el lobby homosexual que habita la curia, con datos de la villa de Roma donde pasan tiempo solazándose? Yo no la tendría. Pero no todos pensamos de la misma manera.

También estos documentos ponían al descubierto un complot para quitar de circulación al Papa. En fin, descarnadas luchas cortesanas. Intrigas palaciegas que intentaban salir a la luz.

Entre otras cosas  dijo que el Papa era una persona “manipulable”, que muchas veces hacía preguntas que demostraban que estaba mal informado y que “tenía que saber” lo que ocurría en el Vaticano.

Paolo creía ser el espíritu santo salvador de la Iglesia.
Al menos así lo muestran, mostrándose de ese modo.
Nunca sabremos toda la verdad.

Lo cierto es que declaró que lo hizo por amor al Papa y a la Iglesia. El cuervo de Benedicto XVI, pensando en salvar al Papa de los lobos que lo acosaban (según L´Observatore Romano, diario oficial del Vaticano) sólo logró que su amado pontífice se fuera a casa.

Gabriele dijo a los detectives que le había entregado los documentos al periodista Gianluigi Nuzzi porque en su opinión, Benedicto no estaba enterado de “la maldad y la corrupción” en la Santa Sede y la publicación de los documentos regresaría a la Iglesia al carril de la virtud.

Fue hallado culpable de robo por un tribunal del Vaticano y cumplió unos pocos 18 meses de su sentencia en el cuartel policial vaticano, hasta que el papa Benedicto lo indultó en Navidad de 2012.

Hay quienes aseguran que el escándalo fue una de las razones por las cuales Benedicto renunció dos meses después
Tras ser excarcelado, Gabriele se dedicó a trabajar en el hospital pediátrico de la Santa Sede, con el compromiso de nunca volver a hablar del tema con periodistas ni de escribir la historia. Paradójicamente trabajó en el sector de fotocopiadoras. También le dieron una casa dentro del territorio del hospital de la Santa Sede.

Supuso que Benedicto XVI tomaría medidas echando a corruptos y encubridores. Ocurrió lo contrario.
La muerte lo halló a sus 54 años de edad, según dicen, tras una larga enfermedad, el 24 de noviembre de 2020. Muy joven. Poco se sabe de su larga enfermedad.

Ocho años de su vida en una prisión de silencio.
El 11 de febrero de 2013 Benedicto XVI anunció que se marchaba a casa.
Luego vino el Papa Francisco.

Los coletazos de este Vatileaks, como ha sido dado en llamar, aún se sienten.

El Gobierno del Estado de la Ciudad del Vaticano se rige por una monarquía absoluta y electiva, dirigida por el papa con sede en la Ciudad del Vaticano. El Santo Padre, como soberano del Estado, acumula ex officio los poderes legislativo, ejecutivo y judicial; durante el período de sede vacante estos poderes son ejercidos por el Colegio cardenalicio.

El papa delega la autoridad ejecutiva al presidente de la Comisión Pontificia para el Estado de la Ciudad del Vaticano, siendo este presidente del Governatorato. El presidente es nombrado por un lapso de 5 años, pudiendo ser caso en el transcurso de ese tiempo o durante el período de sede vacante. El presidente consulta con el secretario de Estado de la Santa Sede todos los asuntos relevantes. (Wikipedia)

Lo interesante es que el Papa Francisco dice que es “la última monarquía absolutista de Europa”.

Y como siguen estas historias de intrigas, amenazas de muerte, choque de intereses es para otra nota.

Ya tenemos el segundo “Vatileaks” en curso…

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