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El Batman argentino del Times Square y la nueva normalidad

junio 27, 2021 10:30 am POR ACTUALIZATE

Perdió sus ahorros, cambió de trabajo y ya vive la era poscoronavirus.

Su trabajo está restringido a sacarse fotos con turistas en zonas específicas del Times Square. Muchos de sus compañeros dejaron el oficio cuando empezó la pandemia

Patricio levanta la cabeza y cuenta uno, dos, tres, cuatro, cinco barbijos. En su campo de visión no entran más de diez personas. Su cálculo es inmediato: la mitad de la gente que se pasea por el Times Square aún lleva barbijo. No lo usan los agentes del departamento de policía de la ciudad, no lo usan los comerciantes, no lo usan los otros trabajadores ambulantes como él. Nueva York empieza a vivir eso que algunos llaman nueva normalidad.

Los vestigios del covid-19 se distinguen en las calles y en las desconfianzas. Restan que las autoridades dispongan el cese total de las medidas sanitarias y epidemiológicas contra el coronavirus: aún es obligatorio el uso del tapabocas en los hospitales, las escuelas y el transporte público. Patricio lo usa para tomar el tren desde New Jersey hasta Manhattan, donde trabaja. Su oficina es el Times Square: hasta tiene un locker para guardar su vestimenta.

Es el Batman argentino del Times Square, lo era antes de la pandemia seis días a la semana. Lo es ahora en el régimen de la nueva normalidad solo los viernes y sábados. Nueva York había asumido el rótulo de epicentro del covid-19 a mediados de 2020. Nunca se instauró una cuarentena obligatoria, el confinamiento fue voluntario. Las calles se vaciaron. Las morgues no. Los turistas, su principal activo, habían desaparecido del centro neurálgico -el cruce de la calle Broadway con la Séptima Avenida- de la ciudad cosmopolita por excelencia.

“Fueron tiempos muy difíciles para mí y mi familia -relata mientras viaja camino a su trabajo-. Yo vivía del día a día, así que estar dos meses confinado voluntariamente fue tremendo. Desde el 16 de marzo al 16 de mayo no salí de mi casa. Se me fueron casi cinco mil dólares de mis ahorros entre rentas e impuestos. Si bien recibía la ayuda del gobierno de 1.200 dólares, tenía que cubrir mis gastos y no me alcanzaba. Tenía mucho miedo porque pensé que se me acababa todo”.

Ganaba 200 dólares al día antes de que Wuhan concibiera un virus mortal. La gente le pedía fotos y él cambiaba su predisposición por billetes. Así le funcionaba a los otros superhéroes que trabajaban como él. Su capital era el realismo de su disfraz, su buen humor, su disciplina (“trabajo religiosamente de 10 a 18 horas y paro media hora para almorzar”) y su gimnasia como vendedor de insumos tecnológicos en su local de Cabildo y Juramento. En diciembre de 2015, había entrado en bancarrota. “Me fundí -reveló-: trabajaba doce horas, no vendía nada, no salía del local, no veía la luz del día. En Buenos Aires estaba en mi propia Baticueva”.

Fue en busca de trabajo como periodista pero llegó sin hablar inglés fluido. Trabajó de mozo y como ayudante en una obra en construcción (@batmantimessquare)

Tenía 36 años, una hija de nueve, su pareja, una propuesta de empleo y unos amigos viviendo en Nueva York. Licenciado recibido en Ciencias de la Comunicación de la UBA, periodista deportivo por vocación, había entrevistado a varias figuras del fútbol sudamericano y colaborado con varios canales de la región. Fundó un comercio que vendía productos de tecnología en una zona céntrica de la Ciudad de Buenos Aires. Pero se cansó de las burocracias, los vicios y la carga impositiva del país. La desilusión lo obligó a mirar afuera. Emigró en busca del sueño americano: llevaba consigo las dudas de su devenir y la convicción de que no había retorno.

Solo una pandemia pudo hacerle sopesar el regreso a la Argentina. “En algún momento pensé en volver al país. Pero gracias a Dios se solucionó en la primera reapertura. Lo viví con mucho miedo, con mucha incertidumbre. Simplemente esperé”. El 16 de mayo volvió a trabajar en el Times Square después de haber esperado el anuncio de flexibilizaciones en las restricciones. Pero nada era como antes. “Fue bien difícil trabajar como Batman y no poder acercarme a las personas por el distanciamiento. Me tomaba una foto cada una hora. Era un Batman con barbijo para concientizar y eso generaba atracción, pero fueron momentos difíciles, muy complicados”, analiza.

La pandemia, asegura, devolvió una dinámica distinta en las marquesinas y las baldosas del Times Square. Algunos de sus compañeros, esos inmigrantes que se vestían de superhéroes para sacarse fotos, no regresaron al rubro: algunos consiguieron trabajos en fábricas, otros se pasaron a las aplicaciones de delivery o de transporte de pasajeros. Él también experimentó un cambio de oficio, aunque su fuente de ingreso sigue supeditada a la fotografía. Su versión de Batman se reduce a los viernes y sábado: de lunes a jueves es él el que saca las fotos.

Hace dos semanas comenzó. Dice que significa un riesgo pero que necesitaba probar con algo distinto. “Compré una cámara, estuve tomando clases de fotografía y hoy trabajo de eso. Empiezo a tirarle fotos a los turistas y la gente se copa, ve las fotos que les saco y me las compran. Tuve que reinventarme: usar el traje con 30 grados de calor era duro para mí, no poder acercarme a las personas era un impedimento. Ahora tengo trabajo más acorde a mi profesión de periodista”.

“Siento que con la fotografía puedo obtener algo más. Es otro tipo de trato, puedo interactuar más. Con Batman me paraba en Times Square y me preguntaban si me podían tomar una foto. El objeto era Batman, ahora es al revés: ahora la estrella es la persona a la que voy a fotografiar. Yo les tomo desde lejos una foto, me acerco y se la muestro. Se quedan impresionados. Creo que la fotografía podría desplazar a Batman completamente y me gusta que sea así”, aprueba.

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