Espectáculos

Fallece la actriz argentina Libertad Leblanc

abril 30, 2021 10:40 pm

Libertad Leblanc, mito sexual de los 70, falleció a los 83 años.

Uno de los iconos del cine erótico en las décadas de los sesenta y setenta, falleció en el día de hoy a los 83 años. Tenía pulmonía éste jueves por la noche en su domicilio en Buenos Aires su corazón dejó de latir, según confirmó la Asociación Argentina de Actores. Libertad Leblanc, quien participó en más de una treintena de películas, enfrentaba un cuadro de salud muy delicado que se había deteriorado en los últimos meses y además, tenía alzhéimer.

La Diosa Blanca saltó a la fama en la década del 70 y junto a Isabel Sarli fueron de los mayores símbolos sexuales de Argentina. Ella, rubia y atrevida; Sarli, morena y tímida. Leblanc aprovechó la fama de su colega como campaña publicitaria para el estreno en Venezuela de su primera película como protagonista, La flor de Irupé (1962): “Como no había un centavo para la promoción se me ocurrió poner en el afiche la frase ‘Libertad Leblanc, la rival de Isabel Sarli”, contó años después. Aparecía desnuda y la cinta fue un éxito inmediato.

La publicitada rivalidad contribuyó también a imponer el nombre de la joven actriz, que a partir de ese largometraje inició una prolífica trayectoria cinematográfica con títulos como Acosada (1964), La casa de madame Lulu(1968) o Furia en la isla (1978), entre otras.

Una diva en los escenarios

Libertad fue uno de los grandes mitos sexuales de los argentinos y de millones de personas alrededor del mundo; solo ella fijaba sus reglas y declaraba que podía mostrar su cuerpo desnudo porque era “hermoso” y que no se consideraba un “objeto sexual”.

Disfrutaba sabiéndose objeto de deseo de hombres y también de mujeres y declaraba que la excitación que podía provocar desde la pantalla o aun en sus presentaciones teatrales era un incentivo para las “fantasías” que elaboraban las parejas en su intimidad.

“Hay gente que nunca ha aceptado que si bien soy una mujer con un par de tetas impresionantes, también pienso y opino -apuntó en una entrevista, en la que se empoderó antes de premisas que aparecieron luego-: Feminismo es igualdad social: la misma remuneración, el mismo derecho al goce y el pensarse como ser humano íntegro”.

Cierta vez, muy joven, en un festival de Cannes, hizo lo que llamó “un estudio de mercado intuitivo, casero” y mientras el periodismo le hacía una nota a Graciela Borges junto a una pileta, ella se subió al trampolín con una diminuta bikini a lunares y desvió la atención de los presentes.

El efecto cayó como una bomba atómica; del asunto hablaron todos los diarios y así, casi de la nada, pudo acceder al protagonismo de “La flor del Irupé”, en la que compitió con Sarli en aparecer en absoluta desnudez.

Su figura había comenzado a ser popular a través de las fotonovelas, un género gráfico que tuvo su furor a fines de la década de 1950 y consistía en una suerte de historietas que sustituían los dibujos por fotografías; muchas figuras, actrices y actores que luego fueron famosos en el cine y la TV empezaron así.

Tras su debut con un papel menor en “El bote, el río y la gente” (1960), el premiado filme de Enrique Cahen Salaberry en Mar del Plata, Libertad deslumbró con su físico en el mencionado”La flor del Irupé” (1962), de Alberto Dubois, en pareja con Héctor Pellegrini, seguida de “Testigo para un crimen” (1963), de Emilio Vieyra, con José María Langlais.

Su filmografía continuó con “Acosada” (1964), también con Dubois aunque con actores venezolanos y cuya distribución internacional tuvo el intencionado título de “The Pink Pussy: Where Sin Lives”; “María M.” (1964), de Vieyra; “Una mujer sin precio” (1966), rodada en Puerto Rico por Alfredo B. Crevenna; y la inédita “La Venus maldita” (1966), de Adolfo García Videla, con Guillermo Murray.

Sin la publicidad adicional de las disputas de Armando Bo e Isabel Sarli con la censura local, Leblanc hacía caso omiso de esas circunstancias y cuando sus filmes eran cuestionados en la Argentina, los explotaba en lugares menos puntillosos: México, Brasil, Panamá, Uruguay y el mercado latino de Estados Unidos.

Otros de sus títulos fueron “La cómplice” y “Fuego en la sangre”, del mexicano René Cardona Jr, “La piel desnuda”, dirigida y coprotagonizada por el español Jorge Mistral, todas de 1966, “La perra” (1967), de Emilio Gómez Muriel, con Julio Alemán y Carlos López Moctezuma, todos mexicanos.

Con diferentes directores y elencos rodó también “Cuando los hombres hablan de mujeres”, de Fernando Ayala, y “Seis días para morir” (1967), “Psexoanálisis”, de Héctor Olivera, “Esclava del deseo”, “El satánico”, “La casa de Madame Lulù”, “4 contra el crimen”, con guion de Gabriel García Márquez, todas de 1968, y “Deliciosamente amoral” (1969), entre otras.

Esas películas variaban tanto de género -comedias, dramas, violencia sexual- como de calidad, y no todos los directores tenían los mismos conceptos estéticos: por lo que en algunos casos los espectadores se quejaban de que la estrella no apareciera lo suficientemente desnuda.

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